Más de 7.2 millones de siniestros atendidos en 2025: ¿qué significa estar preparado ante riesgos que se transforman?

Ciudad de México, 26 de octubre de 2026. — Durante 2025, la industria aseguradora atendió 7 millones 275 mil siniestros en México, 38% más que en 2020. De acuerdo con la AMIS, la mayor parte de los siniestros se concentraron en automóviles, con 3 millones 285 mil casos, y accidentes y enfermedades, con 3 millones 99 mil. En conjunto, representaron cerca del 88% de los casos gestionados durante el año.
Las estadísticas clasifican estos siniestros por separado, pero las personas no siempre experimentan sus consecuencias de manera aislada. Una afectación puede alterar el funcionamiento cotidiano y generar presiones adicionales más allá del daño inicial y, aunque el primer impacto suele ser identificable, lo que ocurre después puede extenderse hacia otros aspectos de la vida.
Esta posibilidad ayuda a entender por qué la tranquilidad comienza a adquirir un significado distinto. Durante mucho tiempo se ha asociado con la ausencia de incidentes o con la expectativa de que nada altere los planes. Sin embargo, cuando las consecuencias pueden trasladarse de un ámbito a otro, resulta más útil observar qué tanto puede mantenerse en funcionamiento y qué tan rápido es posible recuperar estabilidad.
El Global Risks Report 2026 del World Economic Forum ofrece una señal de esta transformación. A escala global, los eventos meteorológicos extremos encabezan los riesgos hacia la próxima década y la inseguridad cibernética permanece entre los diez principales. En contraste, las disrupciones de infraestructura crítica ocupan la posición 23, pese a que una falla en sistemas esenciales puede extender sus efectos hacia distintas actividades. En México, la perspectiva de corto plazo responde a preocupaciones más inmediatas: el crimen y la actividad económica ilícita aparecen en primer lugar, seguidos por la insuficiencia de servicios públicos y protecciones sociales, una posible desaceleración económica, la polarización social y el deterioro de la salud y el bienestar.
Esta diferencia revela un desafío: los riesgos suelen analizarse según su origen, aunque las personas y las familias terminan enfrentándolos por sus consecuencias. Para medir la preparación no basta con preguntar qué tan probable es un evento; también es necesario reconocer qué actividades dependen unas de otras y cuáles tendrían mayores dificultades para continuar ante una interrupción.
Bajo esta lógica, prepararse no significa intentar anticipar cada escenario posible. Significa reducir la distancia entre una afectación y la recuperación, evitar que una pérdida comprometa recursos indispensables y conservar alternativas para responder cuando la vida cotidiana cambia de manera inesperada.
Para Zurich México, esta lectura forma parte de una nueva tranquilidad, entendida no como la promesa de que nada ocurrirá, sino como la posibilidad de conservar capacidad de decisión aun después de un imprevisto. El seguro participa en esa preparación al ayudar a absorber determinadas pérdidas, pero adquiere mayor valor cuando se integra a una visión que también considera prevención, dependencias y recuperación.
Conocer más riesgos no necesariamente significa estar mejor preparados. La diferencia comienza cuando esa información permite proteger la continuidad de lo cotidiano y conservar margen de respuesta. En una realidad donde el primer impacto puede no ser el último, la tranquilidad dependerá cada vez más de cuánto de la vida puede seguir adelante.
ZURICH_AGOS26_Comunicado_Nueva tranquilidad_V1.docx
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Larissa Morán
Sandra Ortega