Después del sismo: ¿qué determina que una ciudad vuelva a funcionar?

Ciudad de México, 5 de noviembre de 2026. — Un sismo puede durar apenas unos segundos, pero sus efectos permanecen mucho después de que termina el movimiento. Tras los eventos de septiembre de 2017, una encuesta del INEGI realizada en ocho de las entidades más afectadas encontró que 39.3% de los establecimientos suspendió actividades y, entre ellos, 22.6% permaneció sin operar durante más de tres días.
La magnitud de un desastre de este tipo no se mide únicamente por los daños visibles, sino también por el tiempo que necesitan las actividades económicas, los servicios y las comunidades para recuperar su funcionamiento. Es después de la emergencia inmediata cuando se pone a prueba la resiliencia de una ciudad.
Por ello, una construcción capaz de resistir no garantiza por sí sola una recuperación rápida. Esta también depende de la coordinación entre distintos sistemas y de las decisiones tomadas previamente. La Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres señala que la resiliencia urbana requiere articular la planeación territorial, la gobernanza y el financiamiento, además de incorporar criterios de riesgo en las inversiones destinadas a proteger la infraestructura esencial.
Desde la perspectiva de Zurich Resilience Solutions, la capacidad de recuperación de una ciudad o empresa depende de tres factores: la preparación previa, la solidez de la infraestructura crítica y la capacidad para responder y mantener la continuidad operativa. Estos elementos funcionan de manera conjunta: conocer los riesgos permite proteger instalaciones y procesos, mientras que contar con planes de respuesta facilita la toma de decisiones, limita las interrupciones y acelera el restablecimiento de las operaciones esenciales.
Los eventos anteriores también permiten identificar vulnerabilidades que no siempre son evidentes antes de una emergencia. Tras los sismos de septiembre de 2017, Zurich observó que diversas empresas, aunque sus estructuras resistieron el movimiento, enfrentaron interrupciones prolongadas por daños en sistemas contra incendio, equipos de proceso, estanterías, falsos plafones y servicios críticos. La experiencia mostró que la evaluación no debe limitarse al edificio: también debe considerar la vulnerabilidad y el anclaje sísmico de los componentes indispensables para mantener la operación.
En este contexto, prepararse comienza mucho antes de recibir una alerta. A partir de los aprendizajes obtenidos en eventos anteriores, Zurich Resilience Solutions recomienda concentrar la revisión en cuatro frentes:
- Evaluar periódicamente los riesgos estructurales, no estructurales y de continuidad operativa.
- Revisar el anclaje de equipos y la protección de servicios críticos, como energía, agua, telecomunicaciones y sistemas contra incendio.
- Definir responsables y poner a prueba los planes de respuesta mediante simulacros y ejercicios de crisis.
- Analizar la vulnerabilidad de proveedores estratégicos, ya que una interrupción externa también puede detener la operación.
Estas acciones permiten detectar puntos débiles antes de una emergencia y pueden reducir tanto el impacto operativo como el tiempo necesario para recuperar la capacidad productiva.
Los planes de continuidad operativa y los protocolos de emergencia ayudan a conectar la respuesta inmediata con la recuperación. Una evaluación previa permite reconocer vulnerabilidades, ordenar responsabilidades y definir qué funciones deben restablecerse primero. Con estas decisiones tomadas de antemano, las actividades esenciales pueden retomarse de una forma más segura y ordenada.
Después del sismo: ¿qué determina que una ciudad vuelva a funcionar?.docx
DOCX 84 KB
Después del sismo: ¿qué determina que una ciudad vuelva a funcionar?.pdf
PDF 97 KB
Larissa Morán
Jheraldao Manrique